Priorizarnos, un acto de supervivencia emocional

En un mundo que tiende a estandarizar y homogeneizar, es crucial recordar que cada individuo es una amalgama única de experiencias, creencias y circunstancias. Esta diversidad es la esencia misma de la humanidad y debe ser reconocida y respetada en todas las interacciones. Imagina sentarte con tu abuela, esa mujer sabia que ha recorrido décadas de vida. ¿Qué le preguntarías? ¿Cuáles fueron sus mayores desafíos y cómo los superó? ¿Qué consejo tiene para las mujeres jóvenes que están empezando su propio camino? Las respuestas que podrías recibir son tesoros de sabiduría acumulada a lo largo de los años, lecciones de vida que solo pueden ser transmitidas por aquellos que han caminado antes que nosotros. Y luego, dirige tu mirada hacia las jóvenes de hoy, las mujeres que están escribiendo las páginas del mañana. ¿Qué les preguntarías? ¿Cuáles son sus sueños y aspiraciones? ¿Qué desafíos enfrentan en este mundo en constante cambio? Y más importante aún, ¿cuál sería tu mayor consejo para ellas? Las respuestas que podrías obtener  puede darte una perspectiva que sólo puede surgir de aquellos que están en el umbral de sus propias aventuras.

 

Es vital recordar que detrás de cada rostro hay una historia, una serie de vivencias que han dado forma a esa persona. Es desde esta comprensión profunda que debemos abordar nuestras interacciones con los demás, sin juzgar ni presuponer, sino aceptando al otro como un ser único e irrepetible, conscientes de que desconocemos sus batallas internas y creencias limitantes.

 

Las conversaciones internas que tenemos pueden ser poderosas herramientas para nuestro bienestar, pero también pueden convertirse en obstáculos si nos dejamos llevar por la autoexigencia o los estándares externos. Reconocer la importancia de conectarnos con nosotros mismos implica priorizarnos en un mundo que a menudo nos insta a poner las necesidades de los demás por encima de las nuestras. 

 

Como mujeres, a menudo asumimos roles de cuidado y contención, pero ¿cuándo fue la última vez que nos permitimos ser cuidadas y contenidas por nosotras mismas? Ponernos a nosotras mismas en el centro de nuestras vidas no es un acto de egoísmo, sino de Amor Propio. Al hacerlo, permitimos que las emociones fluyan libremente, reconociendo que no son ni buenas ni malas, simplemente son parte de nuestra experiencia humana. Así que la próxima vez que te encuentres con una mujer de otra generación, no temas preguntar, escuchar y compartir. Porque en esa interacción, encontrarás una fuente inagotable de sabiduría y una conexión profunda que trasciende el tiempo y el espacio. Juntas, podemos construir un mundo donde las mujeres de todas las edades sean valoradas, respetadas y empoderadas para alcanzar su pleno potencial.

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